Fecha de publicación: Autor: David García Vilar

La proteína es uno de los nutrientes que más dudas genera. ¿Son suficientes 0,8 gramos por kilo de peso? ¿Necesitamos más si entrenamos? ¿Y al hacernos mayores? ¿Tiene sentido llegar a 1,6 o incluso 2 gramos por kilo?

Parte de la confusión aparece porque utilizamos la palabra “necesidad” para hablar de cosas diferentes.

No es lo mismo preguntarse cuánta proteína necesitamos para evitar una ingesta insuficiente que preguntarse cuánta puede ser interesante para ganar músculo, recuperarnos del entrenamiento, preservar masa muscular durante una pérdida de peso o favorecer un envejecimiento saludable.

Por eso, antes de buscar una cifra mágica, tenemos que entender qué estamos intentando conseguir con ella.

¿Para qué necesita proteínas nuestro cuerpo?

Cuando pensamos en proteínas, probablemente lo primero que nos viene a la cabeza es el músculo.

Sin embargo, sus funciones van mucho más allá.

Las proteínas forman parte de músculos, órganos, piel y otros tejidos, pero también intervienen en enzimas, transportadores, hormonas, anticuerpos y multitud de procesos celulares.

Además, las proteínas de nuestro organismo no son estructuras inmóviles. Se están degradando y reconstruyendo constantemente. Podemos imaginar nuestro cuerpo como una ciudad permanentemente en obras.

Cada día se demuelen estructuras antiguas, se reutilizan muchos de sus materiales, se pierden otros y necesitamos incorporar materiales nuevos a través de los alimentos. Esos materiales son, en gran medida, los aminoácidos que obtenemos al digerir las proteínas.

Por tanto, una primera pregunta lógica sería: ¿Cuánta proteína necesito para reponer aproximadamente las pérdidas que se producen cada día?

Pero también podemos plantear preguntas diferentes:

  • ¿Cuánta proteína favorece mejor las adaptaciones al entrenamiento?
  • ¿Cuánta puede ayudar a conservar músculo al perder peso?
  • ¿Cuánta resulta interesante durante el envejecimiento?
  • ¿Cuánta necesita un deportista sometido a una gran carga de entrenamiento?

Y estas preguntas no tienen por qué tener exactamente la misma respuesta.

¿Cuánta proteína se recomienda al día?

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria establece para adultos un requerimiento medio de 0,66 g de proteína por kg de peso corporal al día y una ingesta de referencia para la población —PRI— de 0,83 g/kg/día. El segundo valor incorpora un margen destinado a cubrir las necesidades de aproximadamente el 97,5 % de la población adulta sana (EFSA, 2012).

Por ejemplo, para una persona de 70 kg: 70 × 0,83 = aproximadamente 58 g de proteína al día.

Pero aquí aparece una primera distinción importante: 0,8-0,83 g/kg no representa necesariamente la cantidad óptima de proteína para cualquier persona y objetivo. Es una ingesta de referencia poblacional establecida a partir de una determinada definición de requerimiento.

Para entenderlo tenemos que saber de dónde sale esa cifra.

¿De dónde salen los famosos 0,8 g de proteína por kilo?

Históricamente, uno de los principales métodos utilizados para estimar las necesidades proteicas ha sido el balance nitrogenado.

El nombre parece complicado, pero la idea es bastante sencilla.

Las proteínas contienen nitrógeno. Por tanto, podemos comparar aproximadamente:

el nitrógeno que entra en nuestro organismo a través de la alimentación con el nitrógeno que eliminamos principalmente mediante la orina, las heces y otras pequeñas pérdidas.

Podemos imaginarlo como una cuenta bancaria.

  • Ingresos: nitrógeno que obtenemos de las proteínas.
  • Gastos: nitrógeno que eliminamos.

Si durante suficiente tiempo: ingresos son iguales a gastos estamos aproximadamente en balance nitrogenado neutro.

Si perdemos más nitrógeno del que ingerimos, tendremos un balance negativo.

Si retenemos más del que eliminamos, tendremos un balance positivo.

Durante décadas se han utilizado estos experimentos para determinar qué cantidad de proteína permite mantener aproximadamente ese equilibrio.

El conocido metaanálisis de Rand et al., 2003 estimó un requerimiento medio de unos 0,65 g/kg/día y una ingesta destinada a cubrir prácticamente a toda la población de alrededor de 0,83 g/kg/día.

Lo interesante es que más de dos décadas después una nueva revisión sistemática y metaanálisis de estudios de balance nitrogenado volvió a obtener una cifra muy similar, cercana a 0,65 g/kg/día como requerimiento medio (Suzuki et al., 2025).

Por tanto, los valores tradicionales no son cifras arbitrarias ni simplemente “recomendaciones antiguas”. Tienen una base experimental.

Pero eso no significa que respondan a todas las preguntas que podemos hacernos sobre la proteína.

 

Entonces, ¿el balance nitrogenado sirve para conocer nuestras necesidades?

Sí, pero tiene que interpretarse correctamente.

El balance nitrogenado sirve para aproximarse a una pregunta concreta: ¿Qué cantidad de proteína permite mantener el equilibrio entre el nitrógeno que entra y el que se pierde?

El problema aparece cuando esa respuesta se transforma automáticamente en:

“Ésta es la cantidad óptima de proteína para cualquier resultado fisiológico”.

Volvamos a la analogía bancaria.

Imagina que todos los meses consigues terminar con: ingresos − gastos = 0 €.

Eso demuestra que consigues mantener tus cuentas equilibradas.

Pero no sabemos si estás:

  • ahorrando;
  • invirtiendo;
  • aumentando tu patrimonio;
  • preparado para afrontar un gasto inesperado;
  • o simplemente llegando justo a final de mes.

Con el balance nitrogenado ocurre algo parecido.

Mantener el balance nos proporciona información sobre el mantenimiento global del nitrógeno corporal, pero no nos dice directamente si estamos optimizando:

  • la ganancia muscular;
  • la conservación de masa muscular;
  • la recuperación;
  • la fuerza;
  • la función física;
  • o las adaptaciones al entrenamiento.

Además, el método tiene limitaciones técnicas. Es difícil cuantificar perfectamente todas las entradas y pérdidas de nitrógeno, los resultados pueden verse afectados por el balance energético y el organismo necesita adaptarse cuando modificamos de manera importante la cantidad de proteína de la dieta. Por eso el balance nitrogenado es una herramienta útil, pero no tiene por qué ser la única forma de estudiar los requerimientos proteicos.

De hecho, no lo es. Nuevas técnicas han aparecido para intentar solventar sus limitaciones.

 

Otra forma de estudiar las necesidades: oxidación de aminoácidos

En las últimas décadas se han desarrollado otras metodologías, entre ellas la oxidación del aminoácido indicador o IAAO.

Podemos entenderla imaginando una fábrica.

Para construir un producto hacen falta diez piezas diferentes.

Si tenemos grandes cantidades de nueve piezas pero nos falta la décima, la cadena de montaje no puede funcionar correctamente.

Parte de las piezas sobrantes terminarán descartándose.

Algo parecido sucede con los aminoácidos.

Para fabricar proteínas necesitamos disponer de los diferentes aminoácidos indispensables en cantidades suficientes. Cuando alguno resulta limitante, aumenta la proporción de otros aminoácidos que no puede utilizarse para síntesis proteica y termina oxidándose.

En los estudios IAAO se utiliza un aminoácido marcado que funciona como “pieza rastreadora”.

Cuando la disponibilidad proteica es limitada, su oxidación es relativamente elevada.

A medida que aumenta la cantidad de proteína o aminoácidos:

mejora su utilización → disminuye su oxidación.

Hasta que llega un punto en el que seguir aumentando la ingesta apenas reduce esa oxidación.

Ese punto de inflexión se utiliza para estimar el requerimiento. La metodología y sus limitaciones han sido ampliamente revisadas por Paoletti, Courtney-Martin y Elango, 2024.

Balance nitrogenado frente a IAAO: ¿qué método tiene razón?

Ésta es probablemente una de las cuestiones más interesantes del debate.

Una revisión umbrella y metaanálisis publicada recientemente comparó directamente las estimaciones obtenidas mediante balance nitrogenado e IAAO.

Los resultados fueron aproximadamente:

Población

Balance nitrogenado

IAAO

No deportistas

0,64 g/kg/día

0,88 g/kg/día

Deportistas

1,27 g/kg/día

1,61 g/kg/día

 

En conjunto, los requerimientos obtenidos mediante IAAO fueron alrededor de un 30 % superiores a los estimados utilizando balance nitrogenado (Tagawa et al., 2025).

¿Significa esto que el balance nitrogenado está equivocado y que IAAO nos proporciona la cifra “verdadera”?

Pues no necesariamente.

Una interpretación más prudente es que diferentes métodos observan aspectos distintos del metabolismo y pueden proporcionar estimaciones diferentes. De hecho, ya anteriormente estudios mediante IAAO habían sugerido que los requerimientos proteicos podían estar subestimados cuando se calculaban exclusivamente mediante balance nitrogenado (Elango et al., 2010).

Pero IAAO tampoco es un método perfecto.

 

El cuerpo necesita tiempo para adaptarse a la cantidad de proteína que comemos

Nuestro metabolismo no permanece estático.

Si una persona consume habitualmente mucha proteína, su organismo adapta parcialmente las vías encargadas de utilizar y oxidar aminoácidos.

Si reducimos bruscamente su ingesta y medimos inmediatamente qué ocurre, parte de la respuesta observada podría reflejar el hecho de que todavía no se ha adaptado completamente a la nueva dieta.

Es parecido a intentar conocer el consumo habitual de un coche justo después de cambiar radicalmente su forma de conducción. No es lo correcto.

Sabemos que la ingesta proteica habitual puede influir en respuestas metabólicas posteriores. Por ejemplo, una reducción aguda de la ingesta habitual de proteínas en hombres entrenados puede modificar la respuesta anabólica postejercicio y afectar a resultados derivados de la oxidación de aminoácidos (Tinline-Goodfellow et al., 2020).

Sin embargo, tampoco podemos concluir que cualquier estudio de oxidación sea inválido si no utiliza periodos de adaptación de una o dos semanas. La evidencia disponible sobre los periodos necesarios de adaptación sigue siendo objeto de debate y depende también del aminoácido y de la metodología empleada (Szwiega et al., 2023).

Por tanto, deberíamos evitar ambos extremos:

“IAAO demuestra definitivamente que necesitamos mucha más proteína”.

y

“IAAO no sirve porque no existe suficiente adaptación”.

Ningún método aislado debería utilizarse como árbitro definitivo.

¿Y si medimos directamente la síntesis de proteína muscular?

Existe otra posibilidad: estudiar qué sucede en el músculo después de comer proteína o realizar ejercicio. Mediante aminoácidos marcados podemos estimar, por ejemplo, la síntesis de proteínas musculares.

Imaginemos de nuevo una obra.

Podemos acudir durante cuatro horas y comprobar cuántos ladrillos están colocando los trabajadores.

Eso nos proporciona información muy interesante sobre la velocidad de construcción en ese momento. Pero esto no nos permite saber con certeza cuánto habrá crecido el edificio dentro de seis meses.

Con el músculo sucede algo parecido.

Una mayor síntesis proteica después de una comida no equivale automáticamente a una mayor ganancia muscular a largo plazo.

El organismo está constantemente sintetizando y degradando proteínas y existen muchos otros factores implicados.

Los estudios con trazadores son extraordinariamente útiles para entender cómo funciona el metabolismo, pero para conocer los efectos a largo plazo necesitamos complementarlos con ensayos que midan resultados como masa muscular, fuerza, función física o composición corporal.

Las fortalezas y limitaciones de estos estudios metabólicos se han revisado recientemente con bastante detalle (Trommelen y van Loon, 2024; Lim et al., 2025).

Entonces, ¿0,8 g/kg de proteína al día son suficientes?

La respuesta depende de cómo terminemos la pregunta.

¿Son suficientes para cubrir las necesidades de referencia de la mayoría de adultos sanos?

Sí.

Los 0,83 g/kg/día establecidos por EFSA representan una ingesta de referencia destinada a cubrir las necesidades de prácticamente toda la población adulta sana según el criterio utilizado para establecerlas (EFSA, 2012).

No deberían describirse simplemente como una cantidad “para sobrevivir” ni como una ingesta necesariamente insuficiente.

¿Significa eso que 0,83 g/kg es la cantidad óptima para cualquier objetivo?

No.

Que una determinada cantidad sea suficiente para mantener el equilibrio corporal no implica que sea necesariamente la que más nos interesa si queremos:

  • maximizar adaptaciones al entrenamiento;
  • preservar masa muscular durante una pérdida de peso;
  • recuperarnos de una gran carga deportiva;
  • o favorecer el mantenimiento de músculo y función durante el envejecimiento.

Ésta es probablemente la diferencia más importante de todo el artículo: “Suficiente” y “óptimo” no significan exactamente lo mismo.

Pero tampoco deberíamos cometer el error contrario: Una ingesta superior puede ser útil en determinados contextos sin convertirse por ello en una nueva “necesidad mínima” para toda la población.

Más allá de la cantidad suficiente: la funcionalidad de las proteínas

Uno de los problemas de centrar toda la discusión en los requerimientos mínimos es que puede hacernos olvidar algo evidente: comemos alimentos no sólo para evitar deficiencias nutricionales, sino también para favorecer determinados resultados de salud, rendimiento y calidad de vida.

La proteína puede tener diferentes funciones relevantes dependiendo del contexto.

 

Proteína y entrenamiento de fuerza

Cuando hacemos entrenamiento de fuerza, nuestro objetivo no es simplemente mantener el nitrógeno corporal. Estamos intentando provocar una adaptación positiva.

El ejercicio envía una señal al músculo que podríamos traducir como: “Esta estructura necesita prepararse para soportar mejor este estímulo en el futuro”.

La proteína aporta aminoácidos que participan en ese proceso de remodelación.

Los estudios a largo plazo muestran que aumentar la ingesta proteica puede proporcionar beneficios modestos adicionales sobre las ganancias de masa libre de grasa cuando se combina con entrenamiento de fuerza.

Un conocido metaanálisis encontró que estos beneficios mostraban rendimientos decrecientes alrededor de una ingesta total de aproximadamente 1,6 g/kg/día (Morton et al., 2018).

Esto no significa que: “una persona que entrena necesite obligatoriamente 1,6 g/kg para no tener una deficiencia”.

Significa algo diferente:

Cuando el objetivo es optimizar la adaptación al entrenamiento, puede tener sentido consumir más proteína que la cantidad necesaria simplemente para mantener el equilibrio nitrogenado.

Por eso, para una persona que practica entrenamiento de fuerza regularmente, una ingesta aproximada de 1,2-1,6 g/kg/día puede constituir un rango práctico razonable.

No porque 1,6 sea una cifra mágica, sino porque a medida que aumentamos la ingesta los beneficios tienden a ser progresivamente menores.

¿Y si practico ciclismo, running u otros deportes de resistencia?

La proteína tampoco es exclusiva del gimnasio.

Los deportes de resistencia aumentan el recambio de diferentes proteínas musculares y mitocondriales y pueden aumentar las necesidades de recuperación.

Además, existen situaciones en las que la utilización de aminoácidos puede aumentar:

  • entrenamientos muy prolongados;
  • gran volumen semanal;
  • baja disponibilidad energética;
  • baja disponibilidad de carbohidratos;
  • periodos con recuperación limitada entre sesiones.

La revisión de Witard, Hearris y Morgan, 2025 destaca precisamente que las necesidades del deportista de resistencia deben interpretarse dentro del contexto de entrenamiento, recuperación y disponibilidad energética.

Como orientación práctica, 1,4-1,8 g/kg/día puede ser un rango razonable en deportistas de resistencia con cargas elevadas, aunque la cantidad concreta dependerá del contexto.

De nuevo, esto no significa que cantidades inferiores produzcan necesariamente una deficiencia.

Estamos hablando de optimización deportiva, no únicamente de suficiencia nutricional.

¿Necesitamos más proteínas cuando envejecemos?

El envejecimiento introduce otro elemento importante.

Con los años puede aparecer cierta resistencia anabólica: ante el mismo estímulo nutricional, el músculo de una persona mayor puede responder con menor intensidad que el de una persona joven.

Podemos imaginar un timbre.

En una persona joven basta con pulsarlo suavemente para que alguien abra la puerta.

Con el paso del tiempo quizá necesitemos pulsarlo con más intensidad para obtener una respuesta similar.

Algo parecido puede ocurrir con la respuesta muscular a los aminoácidos.

EFSA mantiene un PRI de 0,83 g/kg/día también para adultos mayores. Sin embargo, diferentes grupos de expertos han planteado ingestas próximas a 1,0-1,2 g/kg/día en mayores sanos, especialmente cuando el objetivo es preservar músculo y función física.

La revisión de Groenendijk et al., 2024 señala además una limitación importante: parte de la evidencia histórica utilizada para concluir que los requerimientos no cambian con la edad incluía relativamente pocos adultos mayores.

Por otro lado, tampoco podemos afirmar que aumentar indiscriminadamente la proteína vaya a mejorar la masa o función muscular de toda persona mayor.

Aquí siguen siendo fundamentales:

el entrenamiento de fuerza, una ingesta energética suficiente, el estado de salud y el patrón alimentario global.

En personas mayores con sarcopenia, un estudio reciente mediante IAAO encontró requerimientos superiores a los valores convencionales, aunque se trata de una población específica y estos resultados no deberían extrapolarse automáticamente a todos los adultos mayores (Wu et al., 2025).

Por tanto, 1,0-1,2 g/kg/día puede ser una orientación razonable en muchos mayores sanos, pero no deberíamos presentarla como una nueva RDA universal.

Proteína durante una pérdida de peso

Cuando queremos perder grasa necesitamos crear un déficit energético.

Eso obliga al organismo a utilizar sus reservas energéticas. Por así decirlo: si queremos sacar la grasa de nuestras reservas corporales para oxidarlas, necesitamos forzarlo con un déficit calórico que debemos prolongar durante un periodo más o menos extenso: de semanas a meses dependiendo de la cantidad de grasa que queramos o necesitemos perder.

Idealmente queremos perder principalmente tejido adiposo (grasa corporal), pero durante una dieta también podemos perder cierta cantidad de masa magra.

Aquí la proteína puede adquirir una función diferente:

ayudar a preservar la masa muscular mientras reducimos la energía total de la dieta.

Este efecto resulta especialmente relevante cuando la pérdida de peso se combina con entrenamiento de fuerza (Kokura et al., 2024).  Sin embargo, consumir más proteína no implica necesariamente perder más peso o más grasa cuando la ingesta energética es similar (Hansen et al., 2021; Ellinger et al., 2024)

Además, cuanto más entrenada y magra está una persona, y cuanto más agresivo es el déficit, mayor puede ser el interés de proteger la masa muscular; de ahí que en deportistas se utilicen ingestas más elevadas, aunque estas recomendaciones no deberían extrapolarse automáticamente a la población general (Ruiz-Castellano et al., 2021; Kanaan et al., 2025).

Una persona con obesidad que comienza una pérdida de peso no tiene necesariamente las mismas necesidades que un atleta con un porcentaje de grasa muy bajo preparando una competición. El contexto de la persona importa y, por ello, la recomendación debe adaptarse al contexto.

La proteína también puede influir en la saciedad

La proteína no sólo tiene funciones estructurales.

También suele producir una elevada respuesta de saciedad y existe una interesante línea de investigación sobre cómo la proporción de proteína de nuestra dieta puede influir en la cantidad total de energía que ingerimos.

La protein leverage hypothesis propone que existe una regulación relativamente fuerte de la ingesta de proteína. Cuando la dieta contiene una concentración baja de proteína y una elevada cantidad de grasas y carbohidratos, podríamos tender a consumir más energía para alcanzar determinado objetivo proteico (Raubenheimer y Simpson, 2023).

Eso no significa que aumentar indefinidamente la proteína haga adelgazar ni que ésta sea la única explicación de la obesidad.

Significa simplemente que la proporción de macronutrientes puede influir en nuestra conducta alimentaria y saciedad, algo compatible con estudios sobre el llamado protein leverage (Grech et al., 2022).

Si oxidamos proteína, ¿significa que la estamos desperdiciando?

Cuando aumentamos considerablemente la ingesta de proteína, también aumenta la cantidad de aminoácidos que oxidamos.

Esto puede llevar a pensar:

“Si se quema, significa que sobraba y no servía para nada”.

La fisiología es algo más compleja.

A diferencia de la grasa, para la que tenemos un enorme depósito especializado —el tejido adiposo—, nuestro organismo no dispone de un gran almacén diseñado específicamente para guardar aminoácidos sobrantes indefinidamente.

Los aminoácidos pueden utilizarse para:

  • sintetizar proteínas;
  • fabricar numerosas moléculas;
  • participar en rutas metabólicas;
  • convertirse en otros compuestos;
  • o ser oxidados.

Además, nuestro metabolismo de aminoácidos se adapta a la cantidad habitual de proteína que ingerimos.

La oxidación proteica está influida por la ingesta de proteínas, el balance energético y la disponibilidad de otros macronutrientes (Unlu et al., 2025).

Por tanto:

Que una parte de la proteína se oxide no significa automáticamente que toda esa ingesta haya sido inútil.

Pero también tenemos que aplicar el razonamiento en sentido contrario:

Que nuestro organismo sea capaz de utilizar una cantidad determinada de proteína tampoco demuestra que necesitemos consumirla.

Entre “necesario” e “inútil” existe todo un continuo de utilización fisiológica.

Entonces, ¿cuánta proteína tomar al día?

No existe una cifra válida para absolutamente todo el mundo. 

Podemos utilizar estas cantidades como orientaciones prácticas, entendiendo siempre el contexto:

Situación

Orientación aproximada

Adulto sano sin objetivos especiales

≥0,83 g/kg/día como referencia poblacional

Persona físicamente activa

~1,0-1,4 g/kg/día

Entrenamiento de fuerza / hipertrofia

~1,2-1,6 g/kg/día

Resistencia con elevada carga de entrenamiento

~1,4-1,8 g/kg/día

Adulto mayor sano

~1,0-1,2 g/kg/día puede ser razonable

Déficit energético + entrenamiento

Puede ser útil aumentar la proteína respecto al mantenimiento

Atleta muy magro en una fase de definición

Necesita una individualización específica

Estas cantidades no son nuevas RDA ni límites exactos.

Son rangos prácticos que dependen del objetivo.

Por ejemplo, una persona de 70 kg podría situarse aproximadamente en:

  • 58 g/día con 0,83 g/kg;
  • 84 g/día con 1,2 g/kg;
  • 112 g/día con 1,6 g/kg.

No existe un salto metabólico entre 111 y 112 gramos.

La fisiología funciona en continuos, no en fronteras exactas.

¿Cómo alcanzar la dosis diaria recomendada?

Una forma práctica es distribuir la ingesta de proteína en 3-5 comidas según preferencia, con 25-40 g por comida. Puedes a su vez elegir las fuentes que más te gusten o las que más encajen en tu día a día. 

Ejemplos aproximados de contenido proteico por ración típica:

Alimento (ración típica)

Proteína (g)

Pechuga de pollo (120 g)

26 g

Salmón (120 g)

20 g

Huevo (1 unidad)

6 g

Leche (1 vaso, 250 ml)

8 g

Tofu (150 g)

12 g

Edamames (150 g)

17 g

Yogur natural (125 g)

6 g

Jamón serrano (40 g)

12 g

Lentejas en seco (80 g)

19 g

Quinoa en seco (80 g)

11 g

Garbanzos en seco (80 g)

16 g

Alubias en seco (80 g)

15 g

Proteína Whey (25g)

18-20 g

Proteínas vegetales (25g)

17-19 g

La pregunta correcta no es sólo “¿cuánta proteína necesito?”

Después de revisar toda esta evidencia, probablemente podamos formular una pregunta mejor:

¿Cuánta proteína necesito para qué?

Porque no es exactamente lo mismo preguntar:

¿Cuánto necesito para evitar una ingesta insuficiente?

que:

¿Cuánto puede ser útil para preservar músculo mientras pierdo peso?

o:

¿Cuánto me interesa consumir si entreno cinco veces por semana?

o:

¿Qué cantidad puede ayudarme a mantener músculo y función cuando envejezco?

Los 0,8-0,83 g/kg/día tienen una base científica legítima y siguen siendo una referencia válida para cubrir las necesidades proteicas de la mayoría de adultos sanos.

Pero no deberían interpretarse como una frontera a partir de la cual la proteína deja de aportar cualquier posible beneficio.

Del mismo modo, que algunas personas puedan beneficiarse de consumir 1,2, 1,6 o incluso más gramos por kilo no significa que toda la población necesite esas cantidades.

Podríamos resumirlo con dos ideas:

“No necesario para evitar una deficiencia” no significa “sin utilidad”.

Y, al mismo tiempo:

“Puede ser útil” no significa “todo el mundo lo necesita”.

El balance nitrogenado, los estudios de oxidación de aminoácidos, los trazadores metabólicos y los ensayos a largo plazo no tienen por qué competir por decidir cuál es el método correcto.

Podemos imaginarlos como diferentes ventanas desde las que observamos el mismo edificio.

  • Una nos permite saber si entran tantos materiales como salen.
  • Otra nos muestra qué hacemos con esos materiales.
  • Otra observa a los trabajadores durante unas horas.
  • Y los estudios a largo plazo nos enseñan cómo acaba cambiando realmente el edificio.

Cuantas más ventanas utilicemos, mejor podremos entender qué cantidad de proteína puede ser adecuada para cada persona y cada objetivo.

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David García Vilar

Dietista - Nutricionista y Responsable de Calidad en Realfooding

David García Vilar, graduado en Nutrición Humana y Dietética, garantiza el rigor técnico y la seguridad alimentaria de Realfooding, supervisando y validando las fórmulas de sus productos antes de su lanzamiento.